Lo mismo de siempre, más o menos.

Escribo por la misma razón que leo. Porque no me encuentro bien.

 

Viernes.
Antepenúltima etapa del Tour de France 2015.
Los programas más vistos del día son: Sálvame limón, Sálvame naranja, Sálvame deluxe (que alguien nos salve de tantos Sálvame…), El secreto de puente viejo (telenovela) y el Tour. No sé si nos da una ligera idea (o no) de la tipología del espectador medio de la carrera, pero resulta al menos curioso.

Hace poco leí un artículo en el país que se titulaba: “Por qué nos gusta el Tour?”  Me gustó porque es una crónica casi provinciana de nuestros gustos. Al español medio le gusta la polémica, no importa si es en un plató o metiendo vatios a plato, nos gusta esa violencia enmascarada, esa tensión de las caídas, la ansiada llegada del “señor del mazo”, la espera de ese “rush final” de nuestro ídolo que deje entrever por fin las miserias ajenas; toda la retahíla de coletillas, chistes y anécdotas que repite tantas veces, y a veces rozando el esperpento, el Perico de turno.
Me gusta el ciclismo pese a todo. No tengo ídolos ni en este deporte ni en ninguno. Me gustan unos deportistas más que otros, por distintas razones. Un pasado repleto de dopaje es la primera razón por la que pueda sentir rechazo hacia algún “deportista”. Y la nacionalidad es la última de entre todas ellas.


Recuerdo con especial cariño los veranos en el pueblo de bien chico. Recuerdo pocas cosas. Los paseos con mi abuelo, el olor de la leche que vendían casa por casa, el Tour y los repápalos. Ese tipo de cosas. Cosas importantes.
Todo eran risas hasta que llegaba la etapa y cada día me las ingeniaba para quitarle la telenovela a mi abuela y ver el Tour. O quizás era ella la que siempre me tiraba el anzuelo al tiempo que se hacía la despistada para que su nieto obtuviera su pequeña victoria del día y no diera más la vara, quién sabe… 😉
Me gusta el halo de romanticismo que acompaña a la bicicleta: las grandes gestas, las historias increíbles, los ciclistas que entraban rozando la tragedia en los bares a robar todo tipo de bebidas (alcohol o lo que fuera) para evitar el desmayo y atenuar el sufrimiento. La épica y la miseria de aquellas carreteras y aquellos medios.
Por eso -aunque la foto que lo encabeza es un insulto para cualquiera que le guste el deporte en su sentido más amplio- me sigue gustando el artículo. Por la misma razón que sigo disfrutando con el ciclismo. Pese a todo.

Con el tiempo han proliferado dos tipos de seguidores muy polarizados del deporte. El típico aficionado al Tour o a los Juegos Olímpicos (que no siempre al deporte), a las siestas, a los chistes de Perico y a todos los clichés del artículo. Un aficionado que suele ver en esta foto de Pantani y Ullrich dos mitos de las montañas, dos cabrones que intentaban fastidiarle la carrera (y de paso nuestras sobremesas) a “nuestro” Indurain, que siguen queriendo ver el Tour con la inocencia con la que tú veías maravillado a aquellos superhéroes subir sentados a plato el Alpe d´Huez mientras gripaban algunas motos… Un aficionado que mayoritariamente ve a sus corredores, los suyos (y parece que los nuestros, gente de la misma raza y sangre) los mejores entre sus ídolos obviando cualquier pasado relacionado con el dopaje por la defensa de lo patrio (chovinismo puro). Reconozco que siempre me cabreo un poco con quien cree que el origen es una cualidad en sí misma.  “Uno no nace, le nacen”. El origen y la nacionalidad son sólo una contingencia.
Como ejemplo, el de otro de los “nuestros”: Julio Rey, vigente récord de España de maratón. Como la Wikipedia es de libre acceso y no se puede poner puertas al campo, aquí encontré por casualidad una muestra de ese chovinismo rancio, alterando la realidad en la biografía de un atleta sancionado por dopaje. “Los esteroides en realidad no mejoran el rendimiento de un atleta de fondo”. Poesía.

Del otro lado, está el arquetipo de seguidor fiel a Ciclismo2005 (Sergio para los amigos). Este fiel a veces es el típico friki, el enterao, el cuñao de los vatios. Se considera a sí mismo el aficionado “de verdad”. Es un snob que repite en prosa y en verso los argumentos del gurú de turno y tiene un desprecio notable hacia el seguidor fiel a Perico, pues le considera un ignorante en este mundillo de los watios y los picogramos. Suele tener la misma actitud de rechazo y a veces condescendencia con la que tratan los MÁSTERPROTOUR en la carretera a los domingueros.
Me cansa un poco esa actitud cínica. Azuzados en muchos casos por alguien anónimo, que escribe de tal forma que hace creer siempre al lector que sabe mucho más de lo que dice, pero lo que escribe lo hace con tanta inquina, intuyendo a veces la animadversión personal, que no hace sino perder mucha de la credibilidad que se le pueda otorgar a alguien que dice en resumidas cuentas que todo el mundo va dopado. Cuando anda va dopado, cuando no, porque ya no va dopado. Pero el anonimato es una posición muy cómoda, desde la que seguramente te puedas permitir muchas licencias.

Si hay algo que no me gusta es escuchar a nadie dando sentencias, pontificando ni marhuendando sobre nada. Bueno, en realidad no me gusta el papel de los gurús de turno (de los influencers mejor no hablamos…). El tiempo, el halago y la masa le lleva a alguno a adoctrinar y pontificar de cualquier tema. Pero decir que todos los profesionales van dopados es mentira. Conozco a muchos que intentan vivir del deporte y estoy seguro de que son gente honesta, y con los que se es injusto de inicio.

El ciclismo en particular se ha convertido en una caza de brujas, es esquizofrenia absoluta. La gente se hace cientos de kms en coche para ver una etapa en directo. Soporta caravanas, (los puertos y pueblos por los que pasa una carrera como el Tour se cierran por completo durante horas) y a veces te toca esperar otras tantas horas a pie de puerto a que llegue el pelotón para acabar tirando orina o escupir a la cara a un tío que está machacando a tu ídolo. Se nos ha ido la olla por completo?

Tampoco puedes hacerle entender a un defensor de los Contador y compañía por qué un picogramo (imposible de administrar) no da para hacer los mayores rendimientos de la historia del ciclismo. En realidad hablamos de forofismos, de filias, fobias, debates deluxe y nacionalismos. En resumen: PREJUICIOS.
Cualquiera puede acceder a las listas de personas sancionadas. O incluso a los rendimientos imposibles, o difícilmente asumibles. Ver una cantidad de récords del mundo de atletismo aún vigentes desde la década de los 80-90 (sobre todo en categoría femenina) da una sensación de pena y vergüenza indescriptible para alguien que se sigue emocionando viendo la Diamond League los veranos. A nivel nacional es lo mismo, las marcas en atletismo que se realizaron en las décadas del 90-2000 por los Fermín Cacho y compañía, están a años luz del atletismo actual. Los Juegos Olímpicos de Barcelona crearon (casualmente) una generación espontánea el algunas disciplinas casi de la nada.

Dicen que mientras haya tanto dinero de por medio es imposible erradicar esto. El dopaje fue sistematizado en la Alemania del Este, con el levantamiento del muro de Berlín, y el deporte se convirtió en un arma de propaganda y muestra de superioridad de la sociedad comunista frente al capitalismo (…) Evidentemente no era (sólo) cuestión de dinero.

Justin Gatlin, por ejemplo, me parece que debería estar haciendo cualquier otra cosa antes que seguir robando y estafando dinero a sus rivales y patrocinadores. Y aunque desde que volvió no ha vuelto a dar positivo pasando muchos controles (Armstrong pasó todo los controles habidos y por haber…), es una lacra para el deporte. Pero esta lacra no acabará hasta que no haya penas de cárcel para el dopaje “no accidental” y reincidente. Un tío que se dopa, además roba y estafa mucho dinero, y el robo y la estafa llegan a tener penas de cárcel en cualquier otro ámbito laboral. Aquí una entrevista al presidente de la AMA diciendo que es difícil que eso vaya a pasar (…), cuando los sistemas de control y sanciones no parecen estar funcionando.

Reincido en el deporte amateur, que conozco bastante bien, porque es un pozo donde va a parar toda clase de mierda. Actualmente hay gente que se dopa para robarte un embutido y una copa, y quizás algo de calderilla para la próxima inscripción y el respectivo viaje. Pseudo profesionales que bajan al barro a pegarse con los populares para llevarse cuatro perras y una paleta más pasada que tú. Pero como en el deporte popular no hay dinero ni debajo de las piedras, tampoco lo hay para controles. ¿Qué hacemos con estos roba-medallas de plástico? ¿Cómo le dices a un cenutrio semejante que se está asegurando una vejez aferrada a los potitos y unos pañales sólo por querer mojarle la oreja a fulano o mengano?

*Acababa de terminar de escribir toda esta parrafada y me encuentro con un artículo en Jot Down sobre deporte y dopaje. Para el que le interese, aquí.

Yo soy agnóstico, de casi todo. Ahora más que nunca cuando todos los días, y repito todos, sale una noticia de un dopado: Caruso, Pentinel (ya detenido por tráfico de sustancias estupefacientes en 2014), Merchán, etc… Algunos con delitos ya prescritos, que judicialmente les hace inocentes. Ahora también se están reanalizando muestras de Helsinki 2005 y Osaka 2007 para suspender con efecto retroactivo a atletas (se habla de 28 casos adversos o sospechosos) que estarán ya retirados en el 99% de los casos. En serio, de qué cojones vale eso? (…) Aquí el blog de Pablo Villalobos hablando muy clarito. Ojalá todos se significaran del mismo modo.
Siempre me pregunto si se puede intentar ser crítico con un deporte que se empeña en enterrarse a sí mismo, y no caer al mismo tiempo en la caza de brujas constante, olvidar esa actitud tan agria y de sospecha hacia cualquier deportista sólo por lograr un buen resultado. Siempre intentando airear el tufillo que crea un resultado ¿demasiado? bueno o una evolución muy rápida, y equilibrar la balanza entre la ilusión de ver una competición de igual a igual entre los mejores, o la sensación de estar presenciando una engañifa. Algo que cada día se me hace más cuesta arriba. Este artículo sobre el lío de médicos, federaciones y control del sistema antidopaje por parte de las propias federaciones en España es desolador, aunque uno ya no sabe cuánto hay de literatura y cuánto de verdad.

Al fin y al cabo, gracias a que Perico se esfuerza desde hace tanto por despertarnos todas las etapas a falta de los últimos kilómetros, tenemos material para debatir de estas cosas mientras llegan las polémicas de peñones propias de Agosto y sobre todo La Liga.

Todo esto porque este fin de semana llegan los Mundiales y la Vuelta e España, y me gustaría tener ganas de verlos, y no como un símil de las marionetas de la luche libre precisamente.

** La española Josephine Onyia ha desbloqueado un luevo logro: Póker de positivos! Y justo antes de viajar a Pekín… “Lo mismo de siempre, más o menos”.

En fin… Salud.

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