La zorra y las uvas

Viendo una zorra unos hermosos racimos de uvas ya maduras,

deseosa de comerlos, busca medio para alcanzarlos,

pero no siéndole posible de ningún modo,

y viendo frustrado su deseo, dijo para consolarse: 

-Estas uvas no están maduras.

Es una fábula de Esopo que habla sobre las disonancias cognitivas. Ésta nos cuenta cómo la zorra, incapaz de admitir que le era imposible saltar tan alto como para alcanzar la parra, cambió su percepción de cómo de beneficiosas le serían las uvas. Muestra cómo, ante la incompatibilidad entre la realidad y nuestras propias creencias, tendemos a cambiar nuestras convicciones sobre una realidad que es inmutable. Creo que se explica mejor por sí sola que haciéndolo yo. :/  Y  creo que se entiende mejor todavía leyendo este artículo que descubrí hace tiempo de Matt Fitzgerald que, por suerte, lo explica realmente bien. Está en Inglés, pero se entiende perfectamente con el traductor automático de Google Chrome, y merece la pena más que leer esto.

La cuestión es que llevo pensándolo un tiempo, y el otro día vi en el telediario de TVE a una pareja que practicaba el descalcismo o como se llame (ella con esclerosis múltiple, creo…)  e iban a correr el maratón de Valencia. Descalzos, claro.

El artículo habla de una “epidemia” del síndrome de uvas amargas en los deportes de resistencia. Son deportistas (los menos) que no podrían hacer frente psicológicamente a ser más lentos de los que les gustaría ser, y resuelven esa disonancia cognitiva sustituyendo la meta de hacer bien su deporte con la de hacerlo “correctamente” con métodos alternativos, reclamando así una especie de victoria moral sobre los competidores más rápidos. Utiliza los términos “well” y “right”.

La realidad es que la mayoría damos por buenas nuestras propias capacidades físicas limitadas y hacemos frente a la competición como lo que es, una lucha entre dos o más personas por la consecución de algo. En este caso: llegar antes a Meta. Y entre medias están el resto de estrategias motivacionales de cada uno. Ganarles a todos, ganarle a fulano, a mengano o a mi jefe, que es un capullo, ganarle a mi YO del año pasado o vencer a la pereza o al desánimo, etc…

También hay otro grueso importante de gente (cada vez más e igual de respetable, ojo) que no va a competir, sino a intentar correr un rato o a pasarlo simplemente bien haciendo deporte. Otro día hablaremos de las pseudo-competiciones transformadas en ofertas de ocio por las que se pagan un pastizal desproporcionado, y se están cargando por completo las cimientos de deporte competición, y de si eso es bueno o malo, y para quién.

En el artículo se mencionan tres métodos alternativos (podrían ser cualquier otros) que los relaciona con lo que él llama el síndrome de las uvas amargas en los deportistas de resistencia: Minimalismo, entrenamiento por intervalos (imagino que será el tan de moda HIIT) y las dietas HFLC (restrictivas en HdC y altas en grasas) . Mi opinión es que ningún método alternativo es negativo por sí mismo, si sirve para mejorar alguna deficiencia del pasado.

Que el minimalismo en su multitud de “niveles” es una moda muy presente dentro del ámbito del running es algo que no se nos escapa a nadie a estas alturas. De todas formas no quería escribir en contra del minimalismo y de quien lo practica. De hecho, la filosofía del minimalismo en todas sus vertientes (vivobarefoot, natural running, chi running, etc…) tiene cosas positivas: hace hincapié en la postura, colocación de brazos y pies, le da importancia a la tan descuidada técnica y a la movilización y fortalecimiento de unos pies, dedos y arco plantar que tenemos totalmente atrofiados debido al calzado convencional. Incluso yo mismo soy de la opinión de que esa marea de marketing que nos inundaba con unos zapatillones con excesivo dropp, peso y amortiguación no hace tampoco demasiado bien, a no ser que seas un persona con un elevado sobrepeso y/o necesites una profunda corrección de la pisada, y sigo teniendo dudas al respecto.

Esto no va de si el calzado minimalista es bueno o malo. – Para honra de quien me dijo respecto a la anterior entrada que no me posiciono, diré que: ¡DEPENDE!  – , sino del hecho de por qué la gente está utilizando en masa estos nuevos métodos casi como primera toma de contacto con el deporte, cuando no está demostrado, ni en mi opinión lo harán nunca (como nunca lo hizo la industria del calzado deportivo convencional) que éste elimine las lesiones, o que corras más rápido con una dieta restrictiva en HdC, que el gluten sea dañino para los que no tienen esta enfermedad (una enfermedad autoinmune, no de una simple intolerancia, por cierto) o que comiendo sólo alimentos de la jungla te haces más eficiente, por poner un ejemplo tonto.

Por supuesto, respeto muchísimo a quienes intentan (entre ellos amigos míos) buscar alternativas a un pasado repleto de lesiones, de estancamiento en su rendimiento, o para mejorar la salud tras una etapa de incorrecta alimentación, etc… Lo malo es que la popularización del deporte viene casi de la mano de nuevos métodos alternativos que suenan bastante atractivos para los deportistas noveles, en su mayoría gente adulta, con un pasado de sedentarismo brutal, que llegan al deporte casi por recomendación médica y tras años de malos hábitos, que ante la imposibilidad de verse tan rápidos o en forma como ellos quisieran, algunos ven en estos métodos casi los únicos para practicar “correctamente” su deporte. Y esta entrada de la disonancia cognitiva lo explica en parte bastante bien, a mi entender. Ver a gente en los telediarios trotando descalza por las aceras proclamando el fin de sus lesiones pasadas y futuras me parece una locura. Sin más.

Para acabar con esto, y para dejar claro que el problema no es el minimalismo (ni las dietas), sino los extremos y la tontería: Como ejemplos más drásticos estamos viendo alrededor del deporte cada vez más cosas extrañas del tipo del retrorunning, que no es correr con una camiseta vintage, sino correr hacia atrás…; el malabarafooting (correr haciendo malabares, sí), o las típicas proezas de correr 40 maratones en un año (aunque roces la tragedia en la mitad de ellas y no te queden uñas de los pies), correr con sandalias huaraches imitando a una tribu india mexicana cuya población llevará ¿cientos? de años corriendo y adaptándose a un tipo de calzado hechos por ellos mismos, o hacer maratones descalzo siguiendo las teorías del hombre del paleolítico porque crees que tus antepasados corrían por urbanizaciones de cemento y alquitrán llenos de chicles, cristales y colillas a medio apagar. Uno tiene la sensación de que se nos fue la cabeza hace tiempo con el síndrome de uvas amargas, o métodos alternativos para destacar sobre el resto.

 

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Con las dietas HFLC y demás me pasa algo parecido, pero multiplicado por 1000. Hay un popurrí de modas (esta vez moda lo escribo en sentido peyorativo), algunas inservibles, otras no tienen ningún fundamento o son directamente una estafa y otras son sencillamente peligrosas, y de mitos y creencias falsas que me joden especialmente. No hablo de qué es bueno o malo porque no soy nutricionista (aunque tengo mi opinión al respecto) ni reconversor de creencias mágicas sobre unicornios, ni  tengo intención de que nadie se ofenda por rebatir sus creencias; sino por qué nos sumamos en masa a estas nuevas tendencias sin saber qué hay de cierto y qué no.

Este vídeo sobre el gluten del gran  Jimmy Kimmel es una maravilla y creo que expresa bastante bien lo que digo. Muestra sólo un puñado de personas, seguramente inteligentes, coherentes y responsables, que se dejan llevar por ciertas corrientes o tendencias snobs sin ningún fundamento. Y aunque lo tuviera, no se han molestado en buscarlo.

 

 

Todos ellos tienen una predisposición a creer que el gluten es malo, por lo que quiera que sea. Porque engorda, porque les sienta mal, o porque limita su rendimiento, y cualquier cosa les basta para confirmar sus creencias. (Sesgo de confirmación se llama). Me encanta la parte de:  -“No tomo gluten porque una amiga de Rusia que está leyendo un libro me dijo que es malo”. Tócate la breva! . Puedes hablar perfectamente con gente que te cuenta que el gluten les sienta mal, (así, sin más) mientras os tomáis unas cervezas y un pincho (porque por un poquito no pasa nada, ejem…) y te cuenta un batiburrillo increíble de ideas sobre la alimentación que le contó su amiga rusa o quien carajo se lo cuente, porque lo leyó un libro.

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