Entrenamiento o el caos.

El aleteo de una mariposa podría provocar una tempestad al otro lado del mundo.


Fue un tema de conversación en una tarde cualquiera de verano, y a razón de no se sabe qué. Es la parte más famosa de la Teoría del caos, y trata de decir que, en sistemas complejos o dinámicos, pequeños cambios en las condiciones iniciales pueden originar grandes e impredecibles resultados.

Por esas casualidades que tiene la vida; y del mismo modo que no dejas de ver gente con muletas por la calle cuando te escayolan, esa misma noche me topé con un vídeo genial, y que explica muy bien la teoría del caos. Es un extracto de una película que recomiendo sin dudar a cualquiera.

 

 

Cuando practicaba triatlón  (hace ya una triste eternidad), una de las cosas que más quebraderos de cabeza me traía era el famoso “tapering” o afinamiento para una competición.

Para deportistas amateurs, que hacen 10, 15, hasta 20hrs de entrenamiento semanal, lo difícil (al principio) es no progresar. El triatlón es un deporte muy agradecido, en el que la variación de las tres disciplinas y, asimismo, la variedad de entrenamientos dentro de cada uno de los tres deportes, hace que la preparación sea muy amena y a la vez productiva, por eso tiene ese nivel de fidelización y fervor entre los que lo practican. Las endorfinas y el progreso visible hace que sea un hooby que enganche mucho.

Siempre pensé que, si tienes el suficiente tiempo y no haces burradas, era fácil progresar en este deporte. Pero al mismo tiempo era muy difícil* llegar a un momento determinado en el punto de forma que tú considerabas óptimo. La realidad es que nunca se está todo lo bien y se entrena todo lo que se quiere, más bien al contrario. Pero ése es otro cantar.

(*Difícil para un mendrugo sin entrenador, con conocimientos básicos. Con un volumen de entrenamiento aceptable, pero poco orden).

 

Con la suficiente imaginación, y salvando lo estrictamente teórico, podemos extrapolar a otros ámbitos y decir que el entrenamiento y la preparación tienen algo de esos sistemas complejos y dinámicos de la teoría del caos. Si conjugar tres disciplinas, el descanso, la alimentación (la cuarta disciplina), tus quehaceres diarios, trabajo, familia, amigos, estar dispuesto para la guerra con tu pareja a diario, y no dormirte por las esquinas (y hacer todo esto durante meses) no es complejo y dinámico nada lo es.

Pero el entendimiento humano es poco dado a recordar lo que has hecho durante tanto tiempo. Llegan los últimos diez días. La última semana. Tu cuerpo es ahora casi una máquina de matar, podrías estar cazando pokémons de esos durante una semana sin apenas descanso a base de barritas e isotónicos. Pero indefectiblemente, en tu mente todo se reduce a lo que hagas esos últimos días: Reducir volumen en proporción a lo que estás entrenando. Mantener algo de intensidad en los tres segmentos, cuidando de no sobrecargar en exceso pero tampoco de perder chispa y tono muscular. Reducir la comida, pero a la vez empezar a hacer una carga de hdc. ¿Cúando? ¿Cómo? ¿ Cuánto? Cuando lees a quien sí sabe de esto, te das cuenta de que es un arte. El maldito arte de encajar bolillos mientras estás haciendo dobles mortales hacia atrás, tres veces al día, siete veces a la semana.

Reducir la carga, sobre todo si estás entrenando lo suficiente, hace que tu cuerpo reaccione de una manera extraña. Pareciera que está supercompensando, pero tú dirías que se te está rebelando… Las sensaciones son indescriptiblemente malas y el mayor descanso y las endorfinas necesitadas de su dosis diaria hace que surjan a veces ciertos dolores o molestias que se acrecientan con las dudas. Has entrenado como una mula durante meses, para tener ahora las piernas como chistorras (malditas mega-cargas de hdc dignas de salir en Megaconstrucciones).

Así que, ante este cóctel de dudas (las mismas dudas de siempre), nuestra naturaleza cortoplacista, y por una extraña sensación de tranquilidad que nos proporciona repetir los pasos que dimos la última vez que llegamos con éxito a nuestro destino, adquirimos vicios y manías propias de internamiento psiquiátrico.

Los animales también tienen mecanismos “defensivos”, aunque en situaciones menos complejas. Pocas veces verás a algún animal volver a comer nunca algo que les haya sentado mal, o que justamente hayan probado cuando se encontraban mal. Algunos de nosotros también solemos sentir rechazo para siempre hacia algún sabor u olor que hayamos probado durante alguna dolencia.

Pero en la vida real, repleta de situaciones complejas, las causas únicas e inequívocas no existen. Así como las causas de una buena o mala carrera no lo son no haber podido terminar tu entrenamiento a pie fetiche o de confianza. Esa confianza que llevas trabajando meses y que ahora, como siempre en los días previos, se resiente; haber hecho bici el jueves y no el miércoles; haber descansado el viernes y no el sábado; o haber hecho una carga de hdc un día después de lo habitual. Solemos atribuir rápidamente los fracasos (yo lo he hecho) a causas y hechos puntuales. Cuando la realidad es que hay una multitud de factores que pueden desencadenar cambios (o no). Y es la conjugación de todos ellos, los que pueden provocar que salgan bien o mal las cosas.

En esa búsqueda de la inmediatez y la explicación sencilla de una situación compleja se da la tan famosa “correlación no implica causalidad” como contestación a aquello de que cuando dos hechos se suceden de manera consecutiva tendemos a creer que uno es causa de otro. “Si A es seguido por B, A es la causa de B”.

Por supuesto que, si uno se cena un cocido maragato y dos botellas de vino la víspera de una carrera importante, probablemente al amanecer quede inutilizado, no sólo para la práctica deportiva, sino para la vida en sociedad durante los próximos tres días. Pero un cocido maragato lo inutilizaría casi todo, hasta las teorías del caos.

En esta página se recopilan correlaciones simpáticas y muy frikis, algunas empiezan a tener bastante fama, como la que existe entre el cantidad de películas de Nicolas Cage y el número de ahogamientos en piscina.

nicolascage

Con el tiempo dejé el triatlón, las mega-cargas de hidratos, y los tappers esquizofrénicos. Y por varias causas. Ahora en el atletismo es algo más fácil todo esto al haber menos factores en juego, pero esa misma circunstancia hace que el tiro deba ser más preciso y por tanto más difícil de atinar. He hecho de todo, mal, muy mal, regular o intentándolo hacer bien, a propósito con el simple ánimo de experimentar, por dejadez o por las propias circunstancias, y casi siempre me fue aceptablemente bien. Es verdad que mi nivel de exigencia es relativamente bajo, y para llegar a ciertas destinos hay que ser muy metódicos, pero al menos me ahorro estar aferrado a ciertas manías o vicios.

Eso y que, últimamente, entre el entrenamiento o el caos, siempre elijo el caos.

 

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