El contagio de Pigmalión.

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Jean-Leon Gerome, Pigmalión y Galatea

«Cuenta le leyenda que al rey Pigmalión de Chipre no le gustaban las mujeres, y vivió en soledad durante mucho tiempo. Cansado, empezó a esculpir una estatua de mujer con rasgos perfectos y hermosos. Así, realizó la estatua de una joven, a la que llamó Galatea, tan perfecta y tan hermosa que se enamoró de ella perdidamente. El rey se sentía atraído por su propia obra y no podía dejar de pensar en su amada de marfil, tanto que soñó que la estatua cobraba vida. 

Después de mucho tiempo, el artista besó a Galatea. Pigmalión ya no sintió los helados labios de marfil, sino que sintió una suave y cálida piel en sus labios. Volvió a besarla, y la estatua cobró vida, enamorándose perdidamente de su creador…»


 

El rey, obsesionado con su propia escultura, hizo realidad sus anhelos dando nombre al Efecto Pigmalión, consiguiendo así lo que se proponía previamente a causa de una firme creencia en conseguirlo.

Cualquiera que haya disputado una prueba con una suficiente exigencia física desafiando de verdad sus propios límites, sabrá de la importancia de prepararse para el dolor, y de anticipar y mejorar sus propias estrategias para afrontarlo. La forma de manejar y reconducir esas ideas y pensamientos negativos que llegan a la cabeza cuando llevas el cuerpo al límite, no es sino un intento para que la cabeza no te arruine una buena preparación. Algunos privilegiados también habrán conocido esa extraña sensación de sufrir lo indecible pero gustosamente, con tu cuerpo fluyendo a través del dolor. Del mismo modo, administrar ese dolor cuando sabes que tu meta inicial se ha esfumado se hace a veces imposible; es por esto que no dejamos de “autoengañarnos” a nosotros mismos una y otra vez con las mismas recompensas. Sin objetivo aparece una mayor sensibilidad al dolor, y con él el sufrimiento. Con el sufrimiento disminuye el esfuerzo y, de repente, estás K.O.

A veces  también pasa que hay un exceso de confianza en El Efecto Pigmalión o marketing de los azucarillos. Un contagio generalizado sobre lo que puedes hacer si “crees” en ello. Envueltos en pegatinas de frases de Coelho, publicidad de marca blanca y mensajes motivacionales de los vendedores humo de humo de turno subidos al carro del coaching, el entrenamiento personal y cualquier otra bendita profesión que puedan denostar; pasamos por alto a los clásicos como Mark Allen, que defendía aquello de que “damos demasiada importancia a eso de sentirse bien”.

En el mundo cotidiano que todos vivimos cada día, la mayor expresión del poder  de las expectativas y del significado de profecía autocumplida nos los concede la economía -donde todo se basa en la confianza y en las expectativas futura-. La noticias de insolvencia de un banco -infundadas o no- se convierten a menudo en la retirada masiva de fondos por parte de los depositantes y hacen que, efectivamente, se cumpla las expectativas. El poder del Efecto Pigmalión también se apoderó del ámbito educativo en los famosos experimentos de Rosenthal.

Pero la realidad es tozuda. Muchas veces (mas que nos pese) contraria a nuestros deseos. Las machaconas frases del “si quiere puedes”, “todo está en la mente” o “nada es imposible si de verdad crees en ello” chocan en demasiadas ocasiones con la realidad y el sentido común que algunos se empeñan en confundir con pesimismo. Las Galateas conducen a generar unas expectativas por siempre insatisfechas y a un sentimiento de frustración permanente.

Atletas populares que llevan media vida sin sentirse contentos tras una carrera a la que, por otra parte, nadie obliga a participar; o que todavía creen que después de 20 años alcanzarán aquella marca que nunca antes consiguieron (y ni tan siquiera se acercaron); aquellos deportistas con un más que desproporcionado porcentaje de abandonos, por mil y una causas.

Todo se puede, sí. Pero sólo si estás preparado para ello.

Lo difícil motiva, pero lo imposible frustra, y hay una línea muy fina entre ambas. También difícil, pero necesario, es a veces dar un paso hacia un lado para intentar no engañarme a mí mismo (y a los demás) con Galateas.

 

 

 

El mito de Pigmalión y Galatea. Aquí

SUFRIMIENTO COMPETITIVO Y RENDIMIENTO EN DEPORTES DE RESISTENCIA. Javier Bueno, Lluís Capdevila y Jordi Fernández-Castro.

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