Sobrevivir a las referencias.

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Los modelos clásicos de economía están basados en teorías normativas siguiendo la máxima de la elección racional.

Los psicólogos D. Kahneman y A. Tversky desafiaron en la década de los 70 aquellas teorías de la racionalidad perfecta (propia del homo economicus). A menudo, quienes toman decisiones no lo hacen con toda la información posible, ésta en ocasiones es muy limitada, e incluso aunque dispongan de una información suficiente los agentes actúan “irracionalmente” debido a sus limitaciones cognitivas.

En su libro, Kahneman toma el concepto de utilidad para estudiar cómo nos comportamos de una forma u otra en las decisiones de riesgo ante futuras pérdidas o ganancias. Como anticipó Bernoulli, la gente no valora el dinero en proporción a la cantidad del mismo; lo valora en proporción a la utilidad que puede obtener de él. Lo que Kahneman terminó llamando “El error de Bernoulli”, era la ausencia de un punto de referencia que, a su juicio, determina esa percepción de utilidad. Así que todo ello sugirió un cambio en la perspectiva de la toma de decisiones con riesgo y los siguientes estudios sobre la economía del comportamiento.


Casi cada elección de la vida diaria está sujeta a puntos de referencia que vienen determinados tanto por nuestra situación presente como por referencias pasadas. Por ello, una vela en una pequeña habitación en penumbra tiene una utilidad mucho mayor que una misma vela que proporcione la misma cantidad de luz en una habitación ya iluminada. Si hay alguien para quien crees que tendrían valor la teoría de las perspectivas y el concepto de marco de referencia es para aquel camarero al que le pediste un café con “la leche del tiempo” (del tiempo de aquí en Otoño) y te lo sirvió frío como una expedición de Amundsen. Del mismo modo si, osadamente, insistías en que te calentara aquello un poco, aquel magma volcánico te podía destruir las papilas gustativas.

Preferencias dependientes de las referencias.

“Puntos de referencia y tiempos de maratón. Una (in)satisfacción (dis)continua”. Pedro Rey Biel. 

En el artículo de Pedro Rey, que lo explica todo mejor que yo, se hace una referencia a un estudio sobre casi 10 millones de finishers en maratones populares desde los años 70. Los resultados muestran una concentración de resultados en los marcos de referencia establecidos ya en la memoria colectiva del mundillo en “números redondos”. Una clara incidencia en las 3, 4 y 5hrs sobre las 3:30 4:30 y 5:30hrs; y cómo curiosamente muchos corredores aflojan más el ritmo en los kms finales cuando no han conseguido ese objetivo de marca de referencia. Como si al espacio de tiempo contenido entre las 2:59 y 3:00hrs le diésemos mayor utilidad que entre las 3:05 y 3:06 hrs, siendo el mismo.

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Reference-Dependent Preferences: Evidence from Marathon Runners

 

Aún recuerdo mi primer maratón. No recuerdo bien los entrenamientos previos, pero seguro me parecían durísimos y larguísimos (siempre me lo parecen) y eso que no cumplía siempre como lo hacía mi compañero Fabuel, al que tantos quebraderos de cabeza di y con el que tantas discusiones inventé quizá para contrarrestar la monotonía de tantos años y miles de kms juntos.

Llegué a esa línea de salida sin ningún marco de referencia, no llevaba GPS para entrenar (todavía hoy me resisto a llevarlo…), no había leído los imprescindibles libros de automotivación que hay leerse ahora para llegar a ser maratoniano (…), ni hice todo el sinfín de rituales y parafernalia en que se ha convertido esto de gastar zapatilla. Llegué y corrí junto a mi amigo durante los 42 kms sin despegarme de él. Por no tener referencias, no sabía muy bien ni dónde estaba el muro (cosa que agradecí). Así que, aun con las piernas como robles desde el km 22, esprintamos en la recta del Estadio Olímpico de Sevilla (yo casi sin saber el porqué ni de aquel sprint, ni casi de aquella aventura). Llegamos después de 03:05:00 y nunca pensé que fuera un “fracaso” haber llegado 5´ después de lo que era una marca de referencia para todo el mundo, ni creí haberme quedado a las puertas de la “gloria” atlética. Llegué destruido. Destruido es una palabra que me acompaña siempre. Así que, sin ganas de volver a ponerme unas zapatillas, ¡qué me importaban 5 minutos!

Al año siguiente repetí experiencia. Mejor preparado, con el “infalible” Test de Gavela hecho (…), y con la cabeza centrifugando ingentes marcos de referencia. ¡Sub 3hrs! Llegué en 03:03:00 igualmente destruido, sin ganas de volver a calzarme las zapatillas y después de haber pasado un mal día. Solo, aterido de frío, y con problemas musculares. Ese resultado, pese al mayor entrenamiento y más experiencia, fue conseguido en un día muy difícil de frío, viento y lluvia, y me debería haber dejado un mejor sabor de boca de haberlo pensado racionalmente. La utilidad personal de esa marca en un día como ése, debiera ser mayor que la del año anterior, pero el resultado fue tan desastroso para mí, obsesionado con el marco de referencia de mi marca del año anterior, la referencia de Media Maratón test hacía unas semanas, y la de mi cabeza conspirando durante meses una marca acorde a mis mejores sueños, que no volví a correr un maratón hasta varios años después.

Por fin hice una tercera intentona: Con un marco de referencia apropiado y centrado en mí y en mis gustos (incluso en los entrenamientos), pero raro para el resto del mundillo maratoniano, lleno de pautas preestablecidas e infinitas manías. En la carrera fijé un ritmo por km, también en números redondos pero fijando un crono global alejado de “marcas objetivo” más próximas y también habituales de 2:45 ó 2:30. Paso por 1/2 maratón en 1:17 y a intentar acabar lo menos alejado posible del 2:36, con la táctica de la recogida de cadáveres de lo que yo llamaba “los optimistas de la primera media”. Resultado: 2:40, en una carrera creo que de todas formas bien gestionada a pesar de la falta de kilómetros y de una pequeña lesión los días previos que me dejó sin tono competitivo y que seguramente fuera lo que terminó por derribar mis “ilusiones maratonianas”, pero con sensación muy agria por perder puestos y minutos importantes los últimos 5 ó 6kms, y por verme entre aquellos optimistas de la primera media ¡Malditas referencias!

Siempre me parecieron raros los marcos de referencia en atletismo. Si bien son más fáciles (y vendibles), es raro que el marco de referencia por excelencia sea bajar de las 3 horas, cuando realmente se hace extraño perseguir una marca futura con un ritmo de 4:16´/km. La lógica y el atractivo de los números redondos deshace la lógica de ritmos de entrenamiento del corredor habitual, que se mueve más en términos de 4:30´/km, y para el que ese ritmo equivaldría a una marca muy rara de 3:09:53.

Hace muchos años que correr se ha convertido en un producto de marketing, y ésa es una marca difícilmente vendible a los amigos de facebook a los que fríes (freímos) a entrenamientos, series, imperdibles, selfies y vaselinas. Otra marca de referencia que para mí sí es relevante es correr sub 4´/km en maratón, pero la magia (otra vez) de los números hace que el 02:48:47 equivalente sea poco vendible y pase un poco desapercibida.

 

 


Para saber más:

La utilidad como índice de estado final o de cambio en relación a un punto de referencia. Leonardo Ivarola

Sesgos cognitivos en la toma de decisiones. Nuria Cortada de Koban

Puntos de referencia y tiempos de maratón. Una (in)satisfacción (dis)continua. Pedro Rey Biel.

Reference-Dependent Preferences: Evidence from Marathon Runners

Pensar rápido, pensar despacio. Daniel Kahneman.

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