Sobrevivir a las referencias.

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Los modelos clásicos de economía fueron eliminando los componentes del comportamiento humano para aplicar sus teorías siguiendo la máxima de la elección racional, sobre la cual las personas toman decisiones según la probabilidad de efectos que surjan tras sus decisiones y la utilidad que se derive de cada una de ellas. Entre quienes desafiaron aquellas teorías de la racionalidad económica están  D. Kahneman y A. Tversky. Una relación e historias vitales ambas dignas de película, y sobre las que gira también el libro «Pensar rápido, pensar despacio».

A menudo, quienes toman decisiones no lo hacen con toda la información posible, ésta en ocasiones es muy limitada (disponibilidad), e incluso aunque dispongan de una información suficiente (aunque limitada por sus propios sesgos), los agentes actúan “irracionalmente”.

En su libro, Kahneman toma el concepto de utilidad para mejorar las teorías de Bernoulli sobre el valor moral del dinero, y cómo nos comportamos de una forma u otra en las decisiones de riesgo ante futuras pérdidas o ganancias; la aversión a las pérdidas por el valor psicológico del dinero y, por ende, su utilidad. Como anticipó Bernoulli, la gente, a diferencia de los matemáticos, no valora el dinero en proporción a la cantidad del mismo; lo valora en proporción a la utilidad que puede obtener de él.

«La teoría tradicional ha desarrollado sus modelos en base a la idea de que la utilidad de los resultados estaba en relación a los estados finales de los mismos, en lugar de cambios a partir de un punto de referencia»

Lo que Kahneman terminó llamando “El error de Bernoulli”, y lo que justificó su crítica, vino por la ausencia de un punto de referencia que, a su juicio, determina esa percepción de utilidad, «y lo inadecuada que era la función de utilidad basada exclusivamente en los estados finales». Parece simple (según él), pero Bernoulli no fue refutado durante 300 años. Así que, si lo he entendido bien, ante una misma decisión todos partimos de puntos referencia y marcos distintos, y por ello las utilidades de los resultados (aunque a veces estos sean idénticos) de nuestras decisiones son también distintas, y todo ello sugirió un cambio en la perspectiva de la toma de decisiones con riesgo y los siguientes estudios sobre la economía del comportamiento.


Aquí hay al menos una semejanza con los puntos de referencia habituales en nuestro día a día, expresados de una forma más sencilla y no sólo en términos económicos. Casi cada elección de la vida diaria está sujeta a puntos de referencia que vienen determinados tanto por nuestra situación presente como (y a diferencia de Bernoulli) por nuestra situación pasada, etc… Por este efecto, una vela en una pequeña habitación en penumbra tendría una utilidad mucho mayor que encender la misma vela en una habitación ya iluminada; o que nos suban el sueldo 100€ mayor utilidad si cobramos 800€ que si cobramos 3500.

Si hay alguien para quien crees que tendrían valor las teorías de las perspectivas y el concepto de marco de referencia es para aquel camarero al que le pediste un café con “la leche del tiempo” (del tiempo de aquí en Otoño) y te lo sirvió frío como una expedición de Amundsen. Del mismo modo si, osadamente, insistías en que te calentara aquello un poco, el magma volcánico resultante te destruiría las papilas gustativas para un mes.

En “Puntos de referencia y tiempos de maratón. Una (in)satisfacción (dis)continua” (Pedro Rey Biel),  y de donde copio vilmente la idea de escribir esto, se menciona la semejanza con el uso de los marcos de referencia presentes en el mundillo runner.

Aún recuerdo mi primer maratón. No recuerdo bien los entrenamientos previos, pero seguro me parecían durísimos y larguísimos (siempre me lo parecen) y eso que no cumplía siempre como lo hacía mi compañero Fabuel, al que tantos quebraderos de cabeza di y con el que tantas discusiones inventé para contrarrestar la monotonía de tantos años y miles de kms juntos. Llegué a esa línea de salida sin ningún marco de referencia, no llevaba GPS para entrenar (todavía hoy me resisto a llevarlo…), no había leído los imprescindibles libros de automotivación que hay leerse ahora para llegar a ser maratoniano 🙂 (…), ni hice todo el sinfín de rituales y parafernalia en que se ha convertido esto de gastar zapatilla. Llegué y corrí junto a mi amigo durante los 42 kms sin despegarme de él. Por no tener referencias, no sabía muy bien ni dónde estaba el muro…  así que, aun con las piernas como robles desde el km 22, esprintamos en la recta del Estadio Olímpico de Sevilla (yo casi sin saber el porqué ni de aquel sprint, ni casi de aquella aventura). Llegamos después de 03:05:00 y nunca pensé que fuera un “fracaso” haber llegado 5´ después de lo que era una marca de referencia para todo el mundo, ni creí haberme quedado a las puertas de la “gloria” atlética. Llegué destruido. Destruido es una palabra que me acompaña siempre. Así que, sin ganas de volver a ponerme unas zapatillas, ¡qué me importaban 5 minutos!

Al año siguiente repetí experiencia. Mejor preparado, con el “infalible” Test de Gavela hecho, y con la cabeza centrifugando ingentes marcos de referencia. ¡Sub 3hrs! Llegué en 03:03:00 igualmente destruido, sin ganas de volver a calzarme las zapatillas y después de haber pasado un mal día. Solo, aterido de frío, y con problemas musculares en un día difícil de viento y lluvia. Ese resultado, pese al mayor entrenamiento y más experiencia, fue conseguido en un día muy difícil, y me debería haber dejado un mejor sabor de boca de haberlo pensado racionalmente. La “utilidad” personal de esa marca en un día como ése, debiera ser mayor que la del año anterior, pero el resultado fue tan desastroso para mí, obsesionado con el marco de referencia de mi marca del año anterior, la referencia de Media Maratón test hacía unas semanas, y la de mi cabeza conspirando durante meses una marca acorde a mis mejores sueños, que no volví a correr un maratón hasta varios años después.

Por fin hice una tercera intentona: Con un marco de referencia apropiado y centrado en mí y en mis gustos (incluso en los entrenamientos), pero raro para el resto del mundillo maratoniano, lleno de pautas preestablecidas e incluso creo que manías. En la carrera fijé un ritmo por km, también en números redondos pero fijando un crono global alejado de “marcas objetivo” más próximas y también habituales de 2:45 ó 2:30. Paso por 1/2 maratón en 1:17 y a intentar acabar lo menos alejado posible del 2:36, con la táctica de la recogida de cadáveres de lo que yo llamaba “los optimistas de la primera media”. Resultado: 2:40, en una carrera creo que de todas formas bien gestionada a pesar de la falta de kilómetros y de una pequeña lesión los días previos que me dejó sin tono competitivo y que seguramente fuera lo que terminó por derribar mis “ilusiones maratonianas”, pero con sensación muy agria por perder puestos y minutos importantes los últimos 5 ó 6kms. ¡Malditas referencias!

Siempre me parecieron raros los marcos de referencia en atletismo. Si bien son más fáciles (y vendibles), es raro que el marco de referencia por excelencia runner sea bajar de las 3 horas, cuando realmente se hace extraño perseguir una marca futura siguiendo un ritmo exacto de 4´16´´ por km. La lógica del atractivo de los números redondos deshace la lógica de ritmos entrenamiento del corredor habitual, que se mueve más en términos de 4´30´´ el km, y para el que ese ritmo equivaldría a una marca muy rara de 3:09:53. Hace muchos años que correr se ha convertido en un producto de marketing, y ésa es una marca difícilmente vendible a los amigos de facebook a los que fríes (freímos) a entrenamientos, series, imperdibles, selfies y vaselinas. Otra marca de referencia que para mí sí es relevante es correr sub 4´/km en maratón, pero la magia (otra vez) de los números hace que el 02:48:47 equivalente sea poco vendible y pase un poco desapercibido.

En el artículo de Pedro Rey, que lo explica todo mejor que yo, se hace una referencia a un estudio (que tengo pendiente leer entero) sobre casi 10 millones de finishers en maratones populares desde los años 70, que tenía como objeto “evaluar la importancia que los puntos de referencia pueden tener para los individuos y en este caso concreto, para los maratonianos“. Los resultados muestran una concentración de resultados en los marcos de referencia establecidos ya en la memoria colectiva del mundillo en “números redondos”. Una clara incidencia en las 3, 4 y 5hrs sobre las 3:30 4:30 y 5:30hrs; y cómo curiosamente muchos corredores aflojan más el ritmo en los kms finales cuando no han conseguido ese objetivo de marca de referencia. Como si al espacio de tiempo contenido entre las 2:59 y 3:00hrs le diésemos mayor utilidad que entre las 3:05 y 3:06 hrs, siendo el mismo.

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Reference-Dependent Preferences: Evidence from Marathon Runners

Tengo que reconocer que algunos marcos de referencia casi me destruyen, de ahí el título. Si hay algo que detesto es hacer entrenamientos de calidad de forma regresiva. Mi regla absurda y a veces autodestructiva es “se acaba como se empieza”. Así que, si tengo previsto entrenar determinados ritmos rápidos fraccionados en series, es la primera de ellas la que condicionará probablemente la dureza de todo el entrenamiento, y no cómo de dura tenía planeada la sesión al salir de casa. De todos es sabido que, aunque la media del entrenamiento sea idéntica, no es lo mismo 3:12; 3:11; 3:10; 3:09; 3:08; 3:07; 3:06 y acabar eufóricamente en 3:05 que empezar en 3:05 y acabar “miserablemente” en 3:12.

Soy un desastre. Para todo. Hace algunos años tuve que quitar el cuentakilómetros de la bicicleta después de que observara, sólo tras muchas pájaras, cocacolas, pasteles y miserias que, pasara lo que pasara, siempre, y repito siempre, una fuerza superior a nosotros mismos nos impedía dejar que la velocidad media al llegar a casa decayera por debajo de los 30kms/hr. Si esto sucedía a pocos kilómetros de casa, daba igual lo que sucediera, que el universo o acaso tú mismo implosionaras, había que emplearse mucho (como decía mi amigo Antonio M.) para que no bajara esa media y llegaras a casa sin “haber entrenado”, aún llegando como siempre destruido y con ganas de tirar la bicicleta por un barranco. Y contigo encima.


Para saber más: Referencias (de las buenas):

La utilidad como índice de estado final o de cambio en relación a un punto de referencia. Leonardo Ivarola

Sesgos cognitivos en la toma de decisiones. Nuria Cortada de Koban

Puntos de referencia y tiempos de maratón. Una (in)satisfacción (dis)continua. Pedro Rey Biel.

Reference-Dependent Preferences: Evidence from Marathon Runners

Pensar rápido, pensar despacio. Daniel Kahneman.

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