El arte de hacer y no hacer.

Hacía mucho que no ojeaba los datos de entrenamiento de un profesional. Los del triatleta Lionel Sanders en su preparación para el IM de Hawaii se han viralizado porque, al parecer, hace pocas horas comparadas con el resto de profesionales -e incluso comparadas con muchos deportistas recreacionales-.

Los deportistas populares siguen (seguimos) buscando la correlación mágica entre las horas de entrenamiento y el rendimiento competitivo. A un mayor número de horas se le supone mayor rendimiento. Así lo intuimos al ver los entrenamientos de los profesionales. Horas, horas, horas y kilómetros.

Un problema de esto es la tendencia a fijarse demasiado en el volumen, obviando la intensidad como factor relevante en la búsqueda del rendimiento competitivo. El segundo, suponer que una mayor cantidad de entrenamiento siempre conduce a un mayor nivel de rendimiento. Al contrario, siempre habrá algún punto en el que el entrenamiento adicional no conllevará un aumento adicional del rendimiento, es decir, se estabilizará, o incluso decaerá. Ese punto de equilibrio del rendimiento es, por más que nos pese a los mortales, distinto en cada uno.

Sólo hay que sentarse a ver un telediario informativo (es un decir) para saber que cualquier estadística ha de cogerse con cuidado por representar sólo una parte de la historia, con la que a veces se extrapolan conclusiones erróneas. Si tomamos una serie de números como «1, 2, 3, 4 y 40», la media resultante será 10, pero eso no ayuda a nadie a saber nada de de la composición real de la serie. El problema con las medias o promedios es que son muy sensibles a los valores extremos.

“La estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno”.

Bernard Shaw.

Los valores extremos hacen difícil representar fielmente la media de la muestra; y los números de su blog parecen pobres si fijas la atención en la relación de horas de entrenamiento. El problema es que, como casi todos hacemos, para hacer la media de horas y metros en sus sesiones de entrenamiento utiliza también los ceros. Los días no entrenados hacen que la media no refleje fielmente la realidad de los entrenamientos. En la natación, por ejemplo, si utilizásemos la moda de todos los entrenamientos (el valor más repetido), encontraríamos seguramente un valor de 3.500 o cercano a los 4.000 mtrs por sesión, en lugar de sus 2.764 mtrs de media diaria (incluidos los días donde no nadó).

Cualquiera que vea unos pobres 54´ de entrenamiento ciclista diario, pensará en Sanders como un repartidor de periódicos o un chico que entrena distancia Ironman dando clases de spinning por las mañanas, y no como alguien que ha batido el récord de un circuito como Hawaii (aunque Cameron Wurf lo acabaría dejando ese mismo día en 4:12:54).

Es llamativo que sólo muestre las horas -obviando los kms- en ciclismo. El típico globero como yo que se fija en los números, hará una extrapolación mental casi instantánea de los kilómetros de Sanders partiendo de las horas, siempre anclándose en su propia experiencia y velocidad crucero, y corrigiendo por lo alto sus estimaciones por ser Sanders un profesional (cuando estás anclado nunca corriges lo suficiente). Pero creo que pocos saben lo duro y lo rápido que entrenan los profesionales; y sobre todo qué cotas de dolor hay que rebasar para conseguir 303 Watts medios durante algo más de 4 horas y bajarte a correr un maratón sin ser ya carroña para los buitres. Evidentemente, el camino para hacer 4:13:45 hrs (313 W potencia normalizada y 4,13 W/kg) no parece ser el de esos 54´ diarios de bicicleta.

Aquí datos de potencia y estrategia en carrera de Sanders.

En su última gráfica menciona el “CTL” (Chronic Training Load), términos poco familiares para mí, más para los que entrenen con Trainning Peaks, que es un promedio de la carga de entrenamiento diario, y representa la cantidad de estrés provocado que hayas sido capaz de asimilar en un largo período.  ¿Cuánta carga de entrenamiento es capaz de sostener un deportista? Como dice Joe Friel: La vida no es justa. “Algunas personas pueden soportar fácilmente un CTL muy alto, como por ejemplo un promedio de 150 TSS/día. Otros terminarían rápidamente sobreentrenados al intentar hacer eso”.

Con todo, eL CTL de Sanders creció durante los tres meses previos a Hawaii hasta un valor de «182» en el comienzo del taper. Algo que sólo él y puñado de privilegiados en esta vida podrán soportar, y que habla de una realidad distinta de la imagen que pudiera evocar ese triatleta de spinning. La cuestión no es si un profesional entrena mucho o poco, fijarnos en las horas de entrenamiento puede dar lugar a ver sólo una pequeña parte de la realidad. Cualquiera que haya podido ver o entrenar junto a algún deportista profesional, semi-profesional (o aquellos que intentan serlo), sabrá el nivel de estrés al que son capaces de someter su cuerpo casi diariamente. Ésa es la diferencia y no sólo las horas, que también.


Hace unos años se popularizó la Teoría de las 10.000 horas, por la cual “si quieres convertirte en virtuoso de una determinada materia, necesitarás al menos 10.000 horas de práctica“. Pero, la práctica y el entrenamiento, aunque puedan llegar a tener un impacto determinante para lograr ser muy bueno en algo, sólo explicaría (de media) un porcentaje relativo de nuestro rendimiento en una tarea.

Este Meta-análisis  pretendía probar la correlación entre el número de horas de práctica y el rendimiento en múltiples disciplinas. En general, la practica intensiva explicaba el 12% de media de rendimiento en cualquier tarea. En ámbitos específicos, como juegos o deportes, la práctica explicaba el 24% (en aquellos calificados de “estables” o “predecibles”); sin embargo, en tareas no tan predecibles, la cifra bajaba al 4%.

Todos asumimos que “en la mayoría de áreas de la vida, poner más esfuerzo significa obtener un mejor resultado”. Daniel P. Egan, un gestor de Finanzas e Inversiones, lo menciona así: “Mientras más duro y de forma más consistente haces ejercicio, más en forma te encuentras. Cuantas más horas pones en estudiar, mejores serán tus calificaciones. Pero también hay algunas áreas muy inusuales donde se mantiene la regla opuesta. Aldous Huxley llamó a esto «La ley del esfuerzo invertido»: cuanto más te esfuerzas, peor lo haces…  Para Egan, la inversión financiera es un área semejante a “las arenas movedizas, donde el éxito se consigue mediante suaves y lentos movimientos”, y moverse mucho hace que te hundas cada vez más en el fango.
La inversión pasiva viene a intentar demostrar que las rentabilidades de rendimientos del inversor medio son (en promedio) menores que los de aquellos que optan por invertir en una cartera -inteligente y suficientemente diversificada- y la “dejan hacer”.
Hace 10 años, el llamado oráculo de Omaha Warren Buffet quiso demostrar cómo la mayoría de inversores simplemente deberían dejar de jugar a ser profesionales y dejar sus acciones donde están, -y de paso imagino que zarandear la excesiva reputación de tanto experto financiero millonario- y apostó 1 millón de dólares a que, después de ese tiempo, una cartera suya pasiva batiría los la rentabilidad de los rendimientos de una cartera cualquiera de un gestor de fondos de inversión profesional. Ganó.

Por supuesto esto no es una oda a la pereza. Pensar que la excelencia se logra con 54´al día es una ilusión como otra cualquiera. Para Daniel Egan saber qué áreas son diferentes, identificar cuáles requieren un esfuerzo consciente y constante, y cuáles son arenas movedizas donde hay que moverse suavemente o simplemente “dejar hacer” para sacar provecho de ellas (en lugar de luchar contra ellas), es una de las cosas más inteligentes y difíciles de hacer.
Para L. Sanders, cuanto más duro sea el entrenamiento, más firme debe ser también la recuperación. Forzando las analogías, puede que haya leído a D. Egan y no quiera convertir su entrenamiento en arenas movedizas.

Hay una ley de esfuerzo invertido. Cuanto más duro intentemos de forma consciente hacer algo, menos éxito tendremos. La capacidad y sus resultados les vienen solo a quienes han aprendido el arte paradójico de hacer y no hacer, a combinar la relajación con la actividad. No podemos hacernos entender; lo máximo que podemos hacer es fomentar un estado mental en el que la comprensión llegue a nosotros.

Aldous Huxley

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